Blog Travel Argentina / Nueva Ruta Arqueológica en el Norte de la región andina

Diversas culturas prehispánicas dejaron su legado bien marcado en esta zona de América Latina, incluso muchos han sido descubiertos hace escasos años. Muestra de ello es la nueva ruta que en el norte peruano llevará a conocer los geoglifos que datan de 2.500 años a.C, expresados en los cerros de Lambayeque, pertenecientes al período pre-Chavín.
Usted se estará preguntando qué son los geoglifos. Pues son algo así como mosaicos trabajados en piedras oscuras sobre fondos más claros que, en este caso, fueron realizados sobre laderas de cerros. Los de Lambayeque fueron descubiertos por el arqueólogo Walter Alva, hace una década. El científico también halló al Señor de Sipán, que es ni más ni menos que el monarca de la cultura Mochica (ver aparte). Sin embargo el mismo experto espera otro reconocimiento acerca de los geoglifos ya que teme que sean formaciones naturales; al menos su rigor científico así lo requiere.
Lo cierto es que este hallazgo recibía la visita de los más avezados en los últimos tiempos. Sin embargo ahora se incluirá como una ruta más de las tantas con las que cuenta Perú y que le han servido de reconocimiento a nivel mundial, generando grandes ingresos a través del turismo.
Las interpretaciones de las figuras esquematizadas hablan de divinidades a las que seguramente se les rendía alguna especie de culto. El circuito de Lambayeque está constituido por varios sitios arqueológicos entre los que se encuentran El Brujo, Huaca Rajada y la ciudadela de barro Chan Chan, que alberga suntuosos mausoleos.
Los viajeros que accedan próximamente a territorio peruano seguramente para conocer las ruinas de Machu Picchu, deben hacerse tiempo para llegar al Norte y descubrir las magníficas figuras. Como la del búho mítico, de 65 metros de largo por 23 metros de ancho, un impecable mosaico sobre la ladera de un cerro en la localidad de La Compuerta. O la del águila de Oyotún, a 9 km de la anterior, de 60 metros de largo por 50 metros de ancho, realizada en piedra laja.
Pero esta ruta, además de los geoglifos, invita a recorrer el perímetro de la provincia de Chiclayo -en menos de 50 km a la redonda de la ciudad del mismo nombre- concretamente. Allí el viajero encontrará ruinas precolombinas, ciudades coloniales y un completo repertorio de los vestigios de culturas indígenas.
La evocadora
La ciudad de Lambayeque es en sí misma un atractivo; de corte colonial, se la llama la Ciudad Evocadora y Cuna de la Libertad, ya que allí se dio el primer pronunciamiento de independencia hacia 1820. Ubicada a 12 km de Chiclayo, figura en los archivos de la corona y en los mapas desde mediados del siglo XVI. Pero fue hacia 1720 cuando comienza su época de esplendor ya que allí se radicaron nobles familias.
Es imprescindible recorrer sus calles y plazas que conservan los aires españoles: como la de Armas; conocer las casonas virreinales, sus iglesias y conventos.
Entre éstas, la Iglesia de San Pedro es la imagen sobresaliente. Construida en el Siglo XVII es una edificación de planta en cruz latina. Consta de tres naves de grandes proporciones, coro alto, capillas laterales sacristía y santería. Se destaca la figura del apóstol arrodillado, los altares realizados en pan de oro y los retablos de estilo neoclásico y barroco.
Otro de los hitos citadinos es la Casa de la Logia o Casa Montjoy situada a una cuadra de la Iglesia San Pedro. Cuenta con un balcón colonial totalmente tallado de más de 400 años. Anchas paredes y patios enormes dan cuenta de lo que fue en su época; se estima que contó con 30 ambientes. En la actualidad es Monumento Nacional.
En el Museo Arqueológico Nacional Brünning se encuentra la figura de Naylamp, fundador de la dinastía de Reyes lambayecanos y más de 1.400 piezas arqueológicas -recabadas a lo largo de 50 años de investigaciones- pertenecientes a las culturas Lambayeque, Moche, Chavín, Vicús, Inca y otras, algunas de las cuales tienen hasta 10 mil años de antigüedad.
La sala de oro atesora una de las colecciones de orfebrería más importante de América con las piezas invaluables halladas en la tumba del Señor de Sipán.
Ciudades de otros días
Zaña es una ciudad en ruinas situada a 46 km de Chiclayo. Se fundó en 1563 y sería la ciudad más importante del Virreinato del Perú. Pero -según cuentan- por la vida libertina de sus habitantes recibió un castigo divino. En 1686 E. Davis y su banda de piratas la atacaron. Por ello los nobles se retiraron a Lambayeque. Más de un siglo después otro castigo cayó sobre la ciudad casi abandonada; las aguas del río Zaña salieron de su curso y la embistieron. Hoy quedan los restos de los conventos de San Francisco, San Juan de Dios, Nuestra Señora de las Mercedes y San Agustín.
Ferreñafe por su parte, es una particular ciudad que se fundó en 1550. Se la llama Tierra de la Doble Fe porque, quizá, más notorio que en otros sitios de nuestra América Latina, sus pobladores creían en la ley de los espíritus mientras practicaban el catolicismo.
A 18 km de Chiclayo tiene el talante español intacto, con su plaza típica en la que se conserva una fuente traída del viejo continente en 1857.
Desde esta plaza hay que seguir camino hacia otro sitio especial, en Sicán. A 18 km se encuentra el Centro de Interpretación de Batán Grande, inmerso en el Bosque de Pómac.
Aquí es recomendable alquilar caballos para comenzar un recorrido único por el complejo que alberga a 20 pirámides o huacas y además del Bosque Pómac.
La Cultura Sicán -Casa de la luna- alcanzó su máximo esplendor entre los años 900 a 1100 DC. Su gran poderío económico se basó en la productividad agrícola de sus valles, pero no por gracia de la naturaleza sino por la extraordinaria red de grandes canales que unieron los valles de la región en un solo sistema hidrológico. Además tuvieron una impresionante actividad metalúrgica -con todo tipo de metales- y una amplia red de intercambio de objetos rituales. La sociedad, además de la economía, se mantenía gracias a la unificada y fuerte religión
Tesoro Arqueológico: Sipán
Hay que moverse de la ciudad para desempolvar otros tesoros precolombinos. Uno de ellos es el complejo arqueológico de Sipán que posee áreas muy diferenciadas, que dan testimonio de la cultura que allí habitó. Fortificaciones, cementerios, habitaciones domésticas, etc. Es precisamente en ese lugar donde se levanta el área monumental: Huaca Rajada.
Ese sitio alberga al Mausoleo Real -de 80 por 130 metros de largo y 15 de altura. Allí se hallaron valiosos efectos para conocer más sobre los Moches -período pre inca-. En el museo se encuentra parte del ajuar funerario del Gran Señor, Rey de los Moches.
Cuesta imaginar que en su última morada el monarca fue enterrado con innumerables piezas de orfebrería, únicas, miniaturas de belleza exquisita, representando la categoría del señor. En capas sucesivas hasta hallar al cuerpo del rey otros seres y numerosos objetos se echaron en tierra. Un guerrero, un sacerdote, dos mujeres, un perro, una llama, un niño y un guardián se fueron con él.
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